El correo electrónico en las entidades financieras
por Jordi Cardona, responsable de Soluciones de netfocus
Los bancos y cajas de ahorros son uno de los principales clientes de los servicios postales. Tal es así, que cualquier persona a la vuelta de un viaje de una determinada duración intuye que en el buzón de su domicilio, le estará aguardando pacientemente alguna comunicación de su banco o caja de ahorros.
Es que las entidades financieras, debido a su modelo de negocio y a los vínculos que de éste se derivan y que establecen con sus clientes, son un modelo de organización en el que la comunicación cobra una relevancia significativa.
Así, notificaciones de ingresos, de transferencias realizadas, de recibos abonados o, simplemente, anuncios de productos o servicios se distribuyen periódicamente en formato papel desde las entidades bancarias hacia sus clientes como respuesta a un compromiso demandado y adquirido por ofrecer un servicio lo más transparente y cercano posible.
Esta forma de comunicar resulta paradójica en una sociedad en la que, tal y como van atestiguando regularmente las numerosas encuestas que se encargan de analizar el avance de las TIC entre la población, cada día está más conectada a redes telemáticas.
De esta forma, según se pone de manifiesto en el último estudio sobre "Las TIC en los hogares españoles" de la entidad pública empresarial Red.es, en el último año ha aumentado en 1,4 millones las viviendas que disponen de conexión a Internet, hasta alcanzar los 5,247 millones, lo que representa un 33,9% del total de domicilios.
Este constante avance se traduce, entre otras cosas, en que cerca de 11 millones de individuos disponen de una cuenta personal de correo electrónico. Sin embargo, las entidades financieras no acaban de apostar por los bits y siguen recurriendo a la tinta para relacionarse por escrito con sus clientes.
Uno de los motivos que explica esta supuesta contradicción reside en las amenazas que han ido surgiendo en el entorno digital y que han provocado en la comunidad cierto recelo a la hora de utilizar Internet como un canal de comunicación cien por cien seguro y fiable.
Fenómenos como los virus informáticos, el spam, el phishing o el pharming, la mayoría relacionados con el correo electrónico, siembran desconfianza entre los usuarios independientemente de su alcance real y, como lógicamente puede deducirse, términos como desconfianza y entidad financiera no casan bien.
En relación a la verdaderas repercusiones de estas amenazas digitales, resulta asimismo interesante comprobar como estas mismas encuestas demuestran que, en términos porcentuales, es ínfima la cifra de personas usuarias de Internet que han sufrido una estafa a través de este canal.
En este sentido, el estudio de Red.es indica que tan sólo un 0,8% de esta decena larga de millones de internautas en nuestro país ha sido víctima de estafas en tarjetas de crédito y que, únicamente, un 0,2% ha padecido una estafa en cuentas online.
Una vez comprobado que esta desconfianza digital, que afecta a la forma de relacionarse que tienen bancos y cajas de ahorros con sus clientes, no puede atribuirse a causas objetivas y económicamente sustanciales, se hace necesario tener en cuenta estos factores para actualizar el actual modelo de correo electrónico, al menos por lo que respecta a su uso en entidades financieras, para así aprovechar todo su potencial.
Al respecto, una de las soluciones posibles sería dotar al e-mail de los elementos de confianza necesarios que aseguren la integridad del mensaje así como la identidad del emisor y del receptor. Estos elementos de confianza, además, deberían estar respaldados por la tecnología más avanzada en materia de identificación y verificación digital, sin ello suponer una barrera de acceso y utilización para los usuarios menos avanzados. Se debe garantizar tanto la procedencia, la integridad o no corrupción del mensaje entre su emisor y receptor, así como la privacidad y confidencialidad de la información contenida.
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